sábado, 13 de diciembre de 2014

Desde mi celda frente a la llegada de los 50


No puedo terminar el año sin que diga lo que han significado estos 50 años. Se lo debo a un amigo que me ha sido parte de mi historia a lo largo de varios años de amistad. “Voy a  esperar tu reflexión de los 50” me dijo hace meses.

Aquí  estoy sentada en mi celda -así le dirían los monjes tibetanos a ese espacio donde uno se vacía de todo- mientras todos van y vienen en sus paseos, compras y actividades en la temporada para mí más hermosa del año. A la celda me ha llevado este tiempo en que mi rodilla lastimada ha detenido mis pasos y me ha encaminado a descubrir y revisitar cosas obvias que han estado ahí todo el tiempo. Personas, detalles sencillos, actos de amor que me han permitido atravesar estos días con alegría y optimismo.

Aunque he celebrado la llegada de los 50 de diversas formas, ha sido este no poder casi caminar el que me ha regalado un espacio que me ha permitido viajar  al interior, a esa soledad profunda que tanto tememos. Un espacio para revisar que he hecho o no con la vida que se me ha regalado y hacia dónde deseo enfilar el norte rumbo a los 60 una vez me levante de esta caída, de la que estoy segura me levantaré con bríos renovados.

Solemos creer que siempre tendremos salud -buenas piernas para caminar- que siempre tendremos a nuestros seres queridos, trabajo etc. Pero la realidad es que vamos viviendo en medio de cambios feroces, experiencias difíciles y dolorosas con las que toca lidiar en un mundo en crisis que nos afecta a todos.

A lo largo de mi caminar he tenido gran felicidad, seres valiosos que me han aportado mucho, grandes experiencias de crecimiento. También he tenido buenas dosis de soledad, dolor, abandono, pérdidas, enfermedades al igual que mucha gente que conozco. He tenido momentos donde he sentido que no es posible seguir, que todo se viene abajo incluyéndome.

Gracias a  los ángeles del camino descubrí la única ruta que conduce a la felicidad verdadera. El camino hacia las profundidades de mi ser.  Ha sido visitando y enfrentando mis miedos, corajes, inseguridades y toda mi vulnerabilidad que he podido descubrir que detrás de ellos se encerraba una mujer valiosa y capaz. Ha sido descubriendo mis heridas y pasando por el infierno de bajar hasta ellas para curarlas que he podido descubrir el rostro bello de la niña mujer que soy.

Ha sido desde lo profundo del interior donde he encontrado la luz propia que me ha permitido ver la de los otros y encaminarme a una vida de búsqueda de plenitud, la propia y la de los que me rodean. Y ha sido desde esa profundidad a la cual solo se llega por el silencio y la soledad que he encontrado el rostro de la espíritu que ha dado vida a cuanto existe.

Han sido muchas y ricas las vivencias y personas presentes en todos estos años de mi historia. Me toca un acto de agradecimiento eterno por todo lo vivido. Agradecer por estos cincuenta años y las más de cincuenta personas que han sido compañeros de camino.   Sé que hay mucho más en lo que debo crecer pues el camino de ser persona en plenitud no termina nunca si lo que se quiere es ser feliz en vez de vivir distraídos.

Termino invitándome e invitándote a seguir esa búsqueda profunda donde se encuentran las mayores riquezas de toda la creación. En tu propia creación.    



sábado, 4 de octubre de 2014

Volver a empezar cuantas veces sea necesario.

Hemos cometido errores, todos los hemos cometido, quien esté libre de pecado que lance la primera piedra. Pero que doloroso es darse cuenta de que se metió la pata hasta el ñu. Que se tomó la decisión incorrecta y nos topamos de frente con las consecuencias. Cuántos errores cometemos los humanos en materia de relaciones personales y familiares, en asuntos del trabajo, la salud, en la vida en general. Cuán doloroso es saberse limitado, descubrir que no se tienen todas las respuestas para afrontar cada evento de la vida de manera airosa. A veces no es fácil  el poder reconocer cuando estamos ante alguien en quien no debemos confiar. O cuando estamos frente a un evento en el que no logramos ver las trampas y caemos.


Mi vida ha estado llena de muchos errores, por mis heridas, por mi carácter, por mis manías he dado bastantes traspiés en los que he salido lastimada y he pisado algunos callos. He ido trabajándome para que las caídas no me derroten por mucho tiempo y los fracasos no nublen la verdad sobre mí.

Pero como diría Nelson Mandela la mayor gloria no es caer, sino saber levantarse y en eso estriba la sabiduría humana, eso que hoy  llaman inteligencia emocional y  resiliencia. Ese arte para saber afrontar los eventos de la vida, los que sean sin que estos se conviertan en muros que nos limiten al caminar, ni cocodrilos que nos devoren en sus aguas. Poder caernos y levantarnos es una cualidad que todo ser humano posee, así fuimos creados. Pero las circunstancias de la vida, la manera como se formó nuestra autoestima, nuestra emociones muchas veces no nos permite usar esas herramientas que posemos.

Lo primero que toca hacer cuando se comete un error es reconocerlo y aceptarnos con nuestra humanidad. En vez de juzgarnos, latigarnos, maltratarnos debemos vernos como seres humanos vulnerables que cometen errores y pueden enmendar su camino. La culpa mal sana que viene desde tiempos de la infancia nos ha llevado a dos extremos, el volvernos indiferentes antes nuestros errores o el recriminarnos excesivamente. La culpa mal sana es enemiga del proceso de revisión y crecimiento que nos presenta cada evento errado de la vida. Hay que sanar la culpa, la malsana esa que es irracional y nos pone en un paredón cada vez que nos equivocamos. La otra culpa, la sana, nos ayuda a evaluarnos y enmendar el camino.

He descubierto que nuestra consciencia si la escuchamos, si la formamos,  nos permite discernir sobre todo aquello que nos da vida y lo que nos quita la vida.  Pero hay que dedicar tiempo a crecer en criterios de bien y verdad. Hay que sanar y cambiar conductas dañinas que seguimos practicando y nos conducen a caminos sin salida.

Una vez se comete la falta, el error, se lastima a alguien, hay que darse la oportunidad de caerse y aprender de la caída. Cada evento por más doloroso y escabroso que haya sido nos brinda una oportunidad de reinventarnos y asumir un nuevo rumbo de cambio, de crecimiento. De aprender a perdonarnos y pedir perdón si lastímanos a otros.  Aprender a diferenciar la paja del trigo, la semilla mala de la buena y poder mantener la confianza en uno, en los otros y volver a empezar cuantas veces sea necesario.

jueves, 6 de febrero de 2014

Entre el silencio y las palabras


Qué hago con estos silencios que no se quieren callar, qué hago con este grito mudo que me ahoga cuando no lo dejo salir. Con estas ganas de decir lo que al espacio entre palabra y palabra le toca versar.

Creo que he ido avanzando en mi propósito de acallar mis exigencias, de silenciar mi voz, de aprender el lenguaje del silencio, de entender otras formas de expresión, de dejar que sencillamente puedan haber renacimientos libres.  Creo que he logrado poner el punto al pensamiento antes que vuelva letra, y creo que aunque sea en algo he alcanzado a respetar la distancia silente que habla cada día.

Pero no, en verdad no, en verdad mi voz, mi mente, mi alma, mis palabras se siguen rebelando contra mi deseo.  Cuando menos lo espero  se vuelven lágrimas, sudor, flujo sanguíneo que invade mi profundidad y se vuelve búsqueda. Porqué eligen  mundos distantes y vedados para querer llegar, todavía es algo que no comprendo.

Hay días en que las palabras se vuelven feroces contra mi propio ser, se me traban entre lo posible y lo imposible. Se confunden con esta errática pasión que es fuente de bien y también de profunda angustia.  El mundo, mi mundo, ese que está al otro lado, que vive del lado opuesto al que se ve. Esa parte de mí que quisiera no tener, para poder ser “normal”. Para ser lo que quiero y no quiero ser.

Y en este tiempo de palabras que no se quieren silenciar, les permito salir, les reconozco su presencia, las abrazo y las dejo volar lejos, muy lejos. Creo que al final, al final, ese final que espero,  ya me dejarán en paz pues encontrarán su lugar. Mientras llega ese tiempo que llamo la promesa, sigo existiendo entre el silencio que habla y las palabras que no se quieren callar. Y sigo aprendiendo nuevos lenguajes del amor, sigo queriendo lo que recibo, lo que no recibo. Lo que es  y aún no puedo comprender.

Luego de acompañarme, me regreso al mundo de lo posible, me acallo y celebro la dicha de saberme completamente amada entre el silencio y las palabras. 

lunes, 19 de agosto de 2013

Es tan poco


Lo que conoces es tan poco
lo que conoces de mí
lo que conoces
son mis nubes
son mis silencios
son mis gestos
lo que conoces
es la tristeza
de mi casa vista de afuera
son los postigos de mi tristeza
el llamador de mi tristeza.

Pero no sabes nada
a lo sumo piensas a veces
que es tan poco
lo que conozco de ti
lo que conozco
o sea tus nubes
o tus silencios
o tus gestos
lo que conozco
es la tristeza
de tu casa vista de afuera
son los postigos
de tu tristeza
el llamador de tu tristeza.

Pero no llamas.
Pero no llamo.

Benedetti

sábado, 17 de agosto de 2013

Contemplación frente a la Zarza

He sentido en cada parte de mi cuerpo cuanto toca seguir descalzándome para poder estar frente a ti Señor.

 Descalzarme de mis pensamientos, esos pensamientos producto de las heridas, que me lastiman y restan fuerzas para la oblatividad. Pensamientos que nublan  mi semejanza con el Creador.

Descalzarme de mis palabras, aquellas palabras que no edifican, que crean confusión, que no son de esperanzas. Aquellas palabras de las que necesito desvestirme para que todo lo que salga de mi boca sea para el Reino.

Descalzarme en mi corazón, de esa negación de incorporar el dolor como camino de redención, descalzarme de los sentimientos de tristeza o coraje ante aquellas injusticias o eventos que no logro comprender. Ante mis propias carencias frente las cuales severamente soy mi propia juez.

Descalzarme de mi cuerpo, donde por alguna razón se  muestran los excesos que cargo, el exceso de comida, bebida mientras otros no tienen que comen ni beber. El exceso de vestido, de cosas que no necesito y me empeño en conservar, el exceso de atención a mi ego, a mis necesidades propias, a los egoísmos que habitan en mi interior.

Descalzarme de mis pies, que no caminan con la voluntad que requiere el proyecto de vida. Que se resisten a caminar más  lejos, a abandonar lo conocido, lo cómodo para ir de la mano del amado al encuentro con el amor. De ese amor que es libertad y entrega sin condiciones y que no sé vivir.

Mis pies que han ardido, que he sentido quemarse ante la urgencia del proyecto, al ser elegida y puesta en tierra sagrada. Mis pies que he sentido arder con gran dolor y en los que Dios me ha mostrado el ardor con el que ama y sufre por  sus hijos.

He sentido frente a la zarza, el dolor, el estremecimiento, la miseria, los gritos del pueblo y de muchas almas que no han recibido la esperanza de ser amadas.

He visto tanta oscuridad frente a mis ojos que mi cuerpo tembló, mis lágrimas se mezclaban con las de mis hermanos y en medio del fuego ardiente escuche la voz que me decía con firme serenidad “Mi pueblo arde y te quiero en medio de ellos”…

 

viernes, 5 de julio de 2013

CAMINANDO POR LA VIDA

CAMINANDO POR LA VIDA


Andar por la vida
portando tu mensaje y buena nueva;
andar erguido
a pesar de las inclemencias del camino;
andar de frente
sin temor a tormentas y huracanes;
andar tranquilos
aunque haya lobos escondidos.

Ir sin bolsa,
para aligerar la marcha;
sin monedas,
para que no hagan mella en el alma;
ligeros de equipaje,
sólo con túnica y sandalias;
pero llenos de paz
gozada y derramada.

Detener el paso
y descansar de agobios y penas;
saludar y dialogar
cada día con quienes van y vienen;
entrar en las casas
y compartir alimento y corazones;
lavarse el polvo
y cicatrizar las heridas.

Y de madrugada,
volver a salir a los caminos y a las plazas,
hacerse el encontradizo
y rozar con ternura
a los que pasan;
y agradecer el camino y sus historias
respetando
las costumbres y las sorpresas...

Cada día,
caminando por la vida
protegido por tu manto y sombra
me siento más hijo,
más discípulo, más enviado,
más ligero,
más lleno de alegría,
más encontrado.

Y regreso, muy contento,
a contarte mi aventura.

Florentino Ulibarri

jueves, 6 de junio de 2013

Metamorfosis


"Cuatro hombres entablaron una discusión.
Cada una decía:
'¿Quién sabe cómo tener el Vacío por cabeza,
la Vida por espina dorsal
y la muerte por rabo?
¡Quién sepa cómo será mi amigo!'


Con esto se miraron entre sí,
vieron que estaban de acuerdo,
se echaron a reír
y se hicieron amigos.


Entonces uno de ellos cayó enfermo,
y otro fue a verlo.
¡Grande es el Creador -dijo el enfermo-,
que me ha hecho como soy!


Estoy tan doblado
que mis tripas están por encima de mi cabeza;
reposo la mejilla
sobre mi ombligo;
mis hombros sobresalen
por encima de mi cuello;
mi coronilla es una úlcera
que inspecciona el cielo;
mi cuerpo es un caos
pero mi mente está en orden."


Se arrastró hasta el pozo,
vio su reflejo y declaró:
¡Menuda porquería ha hecho de mí!.


Su amigo le preguntó:
¿Estás descorazonado?


¡En absoluto! ¿Por qué habría de estarlo?
Si Él me hace pedacitos,
y con mi hombro izquierdo
hace un gallo,
yo anunciaré el alba.


Si Él hace una ballesta
de mi hombro derecho,
suministraré pato asado.


Si mis nalgas se convierten en ruedas
y si mi espíritu es un caballo,
¡me pondré yo mismo los aparejos y cabalgaré
en mi propio carro!


Hay un tiempo para unir
y otro para deshacer.


Aquel que entiende esta sucesión de hechos
acepta cada nuevo estado
en su momento preciso
sin dolor ni regocijo.


Los antiguos dijeron: 'El ahorcado
no puede descolgarse solo'.


Pero a la larga la Naturaleza es más fuerte
que todas sus cuerdas y ataduras.
Siempre fue así.


¿Qué razón hay para descorazonarse?".

Thomas Merton. Despertar en Primavera. Historias Para Refrescar el Alma

domingo, 19 de mayo de 2013

Las redes sociales; nuevos espacios para la esperanza


 
Tengo personas de diversos sectores en mis redes sociales. Participantes de nuestros servicios,  amigos, desconocidos, familiares, personas de otros países, gente del campo y la cuidad. Personas con diversidad de estilos de vida, profesiones, gustos, intereses, religiones. Una muestra que me atrevo a considerar un tanto representativa de nuestra sociedad borinqueña y un poco más allá.

He leído sobre todas las locuras que se van dando en el "Facebook": secuestros, acoso, y secuelas de muerte. La famosa invasión a la privacidad, en una era donde casi todo es público y en las redes nos construímos nuestra propia fama.

Sin embargo, he estado reflexionando en la cadena de mensajes positivos que a diario leo en mis redes. Personas que han descubierto un espacio de expresión dónde compartir la esperanza y lo positivo de la vida. Pensamientos, fotos, notas de todas clases que sirven para inspirar al más decaído.

Veo cómo ha ido surgiendo una nueva expresión pública, un despertar de sueños, poesía, alegría, que no se suele sentir en los medios de comunicación, donde con frecuencia se refleja un cierto pesimismo y miedo ante las situaciones que aquejan a nuestro mundo. ¿No será que la población se está cansando de llenarse de negativismo y andan buscando espacios dónde demostrar la riqueza y la bondad del ser humano?

Un reconocido siquiatra de San Juan, me enseñó hace un tiempo a tener cuidado con las horas y tiempo que le dedicaba a mantenerme informada del acontecer diario en el país. Me recomendaba que no era conveniente ver noticias antes de dormir, y que se debía ser selectivo en lo que se leía o se veía. Esto para cuidar la salud mental. Tengo especial admiración por leer los mensajes que comparte la población joven del país, esos que son tan criticados por la sociedad por sus conductas, que en ocasiones atentan contra el llamado orden social. Creo que las redes les dan un espacio para ser creativos y dejar salir el espíritu genuino de la adolescencia, con todo lo que eso conlleva. Algunas noches, antes de dormir, suelo pasear por sus perfiles y leer cosas curiosas, alegres, algunas verdades que a los adultos no nos gusta escuchar,  pero sobre todo llenarme del amor y optimismo juvenil.

Me parece que se ha declarado un nuevo tiempo en las redes entre muchos que, ya cansados de la muerte y la violencia, han decidido apostar por la vida y el amor. Felicito a todos aquellos que se lanzan a la aventura. Un amigo sacerdote argentino que diariamente comparte cosas inspiradoras,  me decía hace un tiempo: Ché, con el facebook he descubierto que soy poeta”, y me invitaba a seguir compartiendo lo suyo, lo mío y lo de otros para llegar a más personas. 

Cada día son más los que se suman a esta nueva comunidad tecnológica y superan las barreras de las distancias para encontrarse, más los que se descubren poetas, escritores. Los que crean cadenas para resaltar cosas positivas a favor del medio ambiente, de los derechos humanos, la salud, la espiritualidad, de las enfermedades como el cáncer, etc.  Los que se renuevan cada día al dar y recibir mensajes dirigidos a resaltar el caudal de potencialidades que hay en el ser humano.

Quizás sería bueno seguir invadiendo estos y otros espacios, abriendo otros caminos dónde se pueda seguir comunicando, animando, amando, construyendo puentes, y quien sabe si el día menos pensando lo verdadero de nuestra humanidad puebla la faz de  la tierra.

 

lunes, 6 de mayo de 2013


Acompañando el dolor

 
En estos días me ha tocado acompañar heridas  relacionadas a la falta de amor en el establecimiento del vínculo primordial. Ese que nos hace sentir desde antes de nacer que somos deseados, que somos esperados y que al llegar seremos recibidos con total incondicionalidad.

 
Me ha tocado acompañar  y escuchar  historias que desde antes de ser narradas ya sabía que estaban allí, detrás de la coraza. Una persona me narraba como sufrió toda clase de maltratos físicos desde su temprana infancia hasta la adultez cuando pudo abandonar a su agresora. Otra que  llegaba  llorando al no poder aguantar el impulso y acostarse con alguien de quien sabe no puede esperar nada. Otra que no logra manejar el rechazo, que se victimiza ante cualquier circunstancia y se aleja de las relaciones. Alguien que  me compartía como su madre la golpeaba cuando no lograba entender las asignaciones o sacaba malas notas. Alguien que me compartía que de niño  anduvo de hogar en hogar,  hasta que fue adoptado por el “diablo” y hoy día no logra controlar muchos de sus impulsos. 

 
Rechazo, rechazo, rechazo y sus consecuencias. Demasiado rechazo, desde la indiferencia sutil que hace parecer que todo estuvo bien y uno es el quien está mal. La ausencia de las figuras paternales  que forman las primeras ideas sobre ser persona. Relaciones superficiales, muestras de afectos vacías. Exceso de posesiones materiales versus ausencia de relación. Dobles mensajes entre los padres que hacen sentir al hijo responsable de los desastres de la familia. Alcoholismo sublimado en participación en iglesias y obras de caridad.

 
Desde lo sutil  hasta abusos más insospechados como dejar sin comer varios días a menores de edad, castigarlos con las manos o con objetos, insultos, hasta abuso sexual. No hay día en que no roce de alguna forma el dolor de mi pueblo y no hay día en que no se me ofrezca razones para entender porque el amor anda en peligro de extinción. Pues la cadena va de generación en generación.

 
Producto de las heridas, cuando la persona se mira así misma ve algo que no es lo que en realidad es, lo que ve no le gusta  y se aleja del yo verdadero.  Así empieza a actuar de otras formas alejadas de su esencia. Se crean personajes, máscaras y la persona se desasocia de sus verdaderas emociones. Terminando en muchas ocasiones llenos desconfianza e inseguridad,  de  ansiedad,  miedo o coraje. Buscando afuera lo que no logra encontrar adentro y  apegándose a aquello que le dé seguridad y placer.  Adictos a toda clase de conductas y cosas, personas, comida, bebida, conocimiento, espiritualizaciones, compras, sexo, reconocimiento etc.

 
Desde el Instituto caminamos convencidos de  la gran bondad que hay en el interior de cada ser humano. Reconocemos esa dignidad que todos poseemos, creyendo en el caudal de dones que Dios ha puesto en cada persona y que un autoconcepto deforme nos ha ocultado.

 
Hemos podido presenciar los milagros de la transformación cuando la persona descubre su verdad y reescribe su historia.  Cuando se permite reconstruir lo vulnerado de su vida. Hemos visto tanta liberación,  que estoy convencida que toca seguir escuchando, acompañando, facilitando esos viajes de regreso al hogar interior donde habita la herida pero también el manantial de la persona.

 
Definitivamente este camino me regala cada día  un reencontrarme con la plenitud del ser humano. Un regocijarme desde la riqueza del manantial que habita en la persona y que brota a caudales cuando la persona sana.  Poder celebrar la vida,  la verdadera esencia,  la identidad de la persona que es bondad. Esa dignidad que Sister Isolina reconoció en cada ser y por la cual nos toca seguir abriendo espacios de liberación. 

PARA CONVENCERME

 


Para convencerme
necesito repetirlo,
escucharlo en un grito desesperado,
encontrarlo en el silencio absoluto,
cantarlo hasta aprenderlo,
tocarlo hasta sentirlo,
creerlo aún sin verlo
intentando reconocerlo.
 
Para convencerme
necesito experimentarlo,
viajar horas, esperar semanas,
topármelo dentro y fuera
de mi propia casa,
vivirlo en vida ajena,
vivirlo por propia voluntad,
seguir las huellas,
cambiar el rumbo,
ir acompañada,
caminar sola.
 
Para convencerme
necesito me recuerdes,
de una y mil maneras,
que vale más ser que hacer,
que la felicidad, es hoy y ahora,
es simple y eterna,
pero que también es olvidada,
poco difundida y mal gastada.
 
Para convencerme
necesito me enseñes,
a mirar profundamente,
a callar seguido y totalmente,
a amar mucho, sin miedo,
amar contigo, amar sin peros,
convencerme, de que soy yo
en Dios, y para los demás.
María G. Gómez

sábado, 27 de abril de 2013

Después del tiroteo, un llamado por las abuelas



Hace unos días presencié desde mi cama la escena de un tiroteo, que asumimos fue en un residencial cercano. Ráfagas de tiros nos despertaron cual serenata de terror a las 4:30 de la madrugada de un domingo. No sé si fue más aterrante eso o lo que vimos en la tarde al pasar frente al caserío. Íbamos camino a nuestras gestiones cuando nos percatamos de que había un grupo de personas frente al caserío observando los huecos en las paredes de más de veinte apartamentos. Nos dimos cuenta que las ráfagas que habían sido disparadas esa madrugada estuvieron dirigidas a los edificios del caserío, a las casas donde vive la gente, dejando una secuela de boquetes en la paredes. Si mataron a alguien adentro, si destruyeron cosas en el interior de los hogares, si le dieron al que andaban buscando, no lo sé pues ninguna noticia al respecto escuché.

Lo que pude observar en mi ir y venir cotidiano por esa ruta fue que durante toda la semana cada uno de los apartamentos del caserío que fueron tiroteados mantuvieron todas sus ventanas y puertas cerradas. Cada vez que observaba esas ventanas cerradas, más lo boquetes en las paredes me estremecía, me entristecía y me daba una sensación de impotencia, que en nada imagino compara con la de los residentes del lugar. Ayer vi una anciana en un apartamento del tercer piso observando hacia la calle. Pasaron por mi mente como película los rostros de las familias de cada hogar tiroteado donde pudo haber viejos, niños, mujeres, hombres inocentes que han comenzado a vivir presos en sus propios hogares, en medio la nueva manifestación de la guerra del narcotráfico en nuestra isla.

En esa viejita vi el rostro de cada abuela de los que disparan o reciben disparos cada día. Sí de esas abuelas que han sido prácticamente madres, que son las que están allí cuando los padres abandonan, cuando la calle los lleva a la cárcel. Las que lloran amargamente cada vez que uno de los suyos es asesinado, las que pagan los entierros cuando no aparece dinero del mucho que se mueve “undegroud”. Y me pregunté que estaría pensando esta anciana desde su balcón lleno de tiros. Imagino porque he conversado con muchas de ellas, que alguno de sus pensamientos podría ser cómo sacar del país, cómo proteger a ese que andan buscando. Quizás podría estar pensando en cuándo volverán a buscar al que no apagaron, o pensando en los bisnietos, esos que se quedan sin padres cada vez que matan a uno.

 Entonces hay que dejar saber a aquellos que por las razones que sea, no las juzgo, han decidido correr en la calle que con las abuelas, con los hijos, nietos no se juega. Que no es posible aceptar que sus seres más queridos, los de un bando o los del otro les toque vivir siendo atacados indiscriminadamente, acuartelados, presos del terror en medio de esta guerra. Tienen que saber que la vida todavía vale, aunque en la calle importe poco. La vida de los suyos, pues veo que si esto no para seguirán las balaceras en las calles, en los centros comerciales, en los restaurantes, en los cines, las plazas y con esta nueva modalidad también en las casas donde habitan seres inocentes. Las propias familias de los que matan o mueren sin tregua en nuestro país.

 A mí me toca seguir creyendo. Creer en que el amor nos va a continuar mostrando las respuestas. Creer en mis jóvenes, esos con los que me desvelo acompañando sus vidas heridas, creer en la sensatez de los que andan en ese mundo que no puedo comprender bien, pero que nos está cobrando demasiadas vidas. Creer en Puerto Rico, en que seguiremos construyendo un proyecto de país que revierta esta locura que hemos creado. Creer que la educación seguirá abriendo, no cerrando, nuevos espacios para los jóvenes que no encuentran su lugar en la sociedad. En fin otro domingo se avecina y yo apuesto que será mejor y que mi voz junto a la de tantos otros que creemos en la vida será semilla para una nueva cosecha.


domingo, 19 de febrero de 2012

Amanece



Amanece, me asomo por la ventana de nuestra sala. Siento el silencio de la mañana, todavía no ha amanecido del todo. Los pajaritos aun se pueden escuchar anunciando la llegada de un nuevo día. El cielo aun oscuro promete cosas maravillosas. Observo la calle asfaltada, los vehículos, las casas, el canasto que los chicos tienen casi en frente de nuestra casita. Camino descalza por nuestro hogar, siento el piso frío en una mañana que ya empieza a calentar. Y doy gracias por la vida, por cada momento y cada bendición recibida. Tomo mi vaso de agua a temperatura ambiente como cada mañana para hidratar mi cuerpo.

Mi mente vuela como en automático a los miles de lugares donde amanece o tal vez ya oscurece. Lugares donde las familias no tienen un techo seguro, pienso en mis hermanos de Haití, pero no sólo en ellos. Pienso en los que están en otros lugares más cercanos o distantes quienes carecen de lo básico para vivir. Aquellos que para tomar un poco de agua deben salir a buscarla lejos de su casa y tomarla con toda clase de contaminantes por no tener sistemas de filtración. Claro estoy consciente que nuestra agua también está contaminada.

Viajo por las lomas de Santo Domingo, lugares a los que en muchas ocasiones los vehículos de motor no alcanzan a llegar. Las favelas de Brasil que daría la impresión que en cualquier momento se vienen abajo arrasando con todas las casuchas y su gente. Las barriadas en las afueras de México a donde van llegando cuantos buscan mejores oportunidades y les toca seguir en pobreza, sólo que cerca de donde se vive la opulencia. Pienso en los hermanos africanos, esos que carecen de todo y se mueren de hambre a cada minuto sin que a los demás nos importe mucho.

Y viajo en unos segundos a través de esa pobreza material, de falta de servicios básicos, de oportunidades de trabajo, de educación y alimentación. Me acerco a los rostros de los niños, esos que no reciben regalos en la navidad, mientras saben que existen toda clase de juguetes a los que no tienen acceso. Los niños que caminan descalzos, que se comen lo que aparece en medio de tierras secas que ya no dan maná para su gente. Veo las sonrisas de esos niños, las más limpias y transparentes que he visto. Me contemplo en los juegos que he compartido junto a ellos, sus abrazos y caricias libres de miedos y cálculos. Las experimento como si me abrazaran en esta mañana y me abrazo a ellos.

Ayer mientras viaja por el sur de la isla, observaba los rostros de preocupación de nuestra gente. Las acciones violentas en la carretera, las miradas de coraje que abundan entre nosotros los boricuas mientras guiamos. Escuché comentarios sobre la situación económica del país y la gente que se sigue quedando sin empleos. Me percaté de como los negocios continúan cerrando y se observan más letreros que dicen “se vende”

Me fue inevitable pensar con preocupación en como los puertorriqueños atravesaremos esta recesión que continuará porque es parte de la globalización donde unos se harán más ricos y otros se empobrecerán. Mirando esos rostros de coraje, la desesperación, la angustia por lo material, los interrogantes de una generación que hemos aprendido a resolver todos nuestras problemas, que hemos aprendido a relacionarnos desde la mano en el bolsillo. Que hemos crecido creyendo que la vida y la verdad están definidas por cuanto tenemos o vestimos. Que nos ha tocado estar inmersos en una sociedad caracterizada por el individualismo donde primero pensamos en nuestras necesidades antes que en los demás. Un mundo donde hemos perdido el sentido de dignidad que todo ser humano posee y nos hemos convertido en mercaderes de la vida como otra “cosa más” que explotamos en función de la materia.

LLega a mi mente Mons Oscar Romero, uno de mis maestros. Quien vivió para caminar y acompañar la justicia. Quien murió convencido que una nueva esperanza renacería para su pueblo El Salvador. Quien no temió denunciar la injusticia, proclamar la verdad que el amor nos pide para cada hijo de Dios. Quien fue juzgado y condenado como el mesías, igualmente convencido de que resucitaría entre ellos. Sus palabras me resuenan en está mañana, el anuncio de que la justicia llegará. De que hay que morir o matar a un sistema que promueve la opresión material, pero más que nada la espiritual, el desarrollo humano. Acudo a su esperanza para hacerla mía. Para recobrar la valentía que requiere el ser apóstol en estos tiempos de confusión. Y al igual que la mirada de Sor Isolina , me cobijo en la mirada de Oscar Romero para que el convencimiento de principios que vivió reafirmen los míos y me sirvan de compañía para la misión.

“No nos cansemos de denunciar la idolatría a la riqueza, que hace consistir la verdadera grandeza el ser humano en tener, y olvida que la verdadera grandeza es “Ser”. No vale el hombre por lo que tiene sino por lo que es” 4 noviembre de 1979

Lourdes Ortiz

martes, 31 de enero de 2012

Resistiré

Cuando pierda todas las partidas
Cuando duerma con la soledad
Cuando se me cierren las salidas
Y la noche no me deje en paz

Cuando sienta miedo del silencio
Cuando cueste mantenerse en pie
Cuando se revelen los recuerdos
Y me pongan contra la pared

Resistiré erguido frente a todo
Me volveré de hierro para endurecer la piel
Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte
Soy como el junco que se dobla pero siempre
Sigue en pie

Resistiré
para seguir viviendo
Soportare los golpes
Y jamás me rendiré
Y aunque los sueños
se me rompan en pedazos
Resistiré

Cuando el mundo pierda toda magia
Cuando mi enemigo sea yo
Cuando me apuñale la nostalgia
Y no conozca ni mi voz

Cuando me amenace la locura
Cuando mi moneda salga cruz
Cuando el diablo pase la factura
O sí alguna vez me faltas tú

Resistiré erguido frente a todo
Me volveré de hierro para endurecer la piel
Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte
Soy como el junco que se dobla pero siempre
Sigue en pie

Resistiré
para seguir viviendo
Soportare los golpes
Y jamás me rendiré
Y aunque los sueños
se me rompan en pedazos
Resistiré

(Letra de La Calva y Toro)

domingo, 22 de enero de 2012

SER SINCERO CON UNO MISMO

Para que nuestra vida tenga un sentido pleno es necesario comunicarse con honestidad con el yo que todos tenemos dentro. Está en nosotros tomar las riendas.

Cuando somos sinceros, nos comunicamos con transparencia. No fingimos y llegamos al otro sin corazas. Esta sinceridad se fortalece cuando estamos alineados en pensamientos, palabras y acciones. En cambio, cuando nuestras palabras expresan un mensaje mientras nuestro cuerpo está transmitiendo otro, estamos desalineados. Esto indica que nuestro diálogo interior no es claro, ni fluido. Quizá ni siquiera nos planteamos esa conversación entre corazón y mente, entre intuición y lógica.

Decirse la verdad a uno mismo es difícil. Según Epicuro, los tres pilares de una buena vida son la cultura, la amistad y el diálogo basado en la palabra. Esta debe ser profunda y verdadera para que todo tenga sentido y contenido. La dificultad radica en la falta de diálogo sincero con uno mismo. Las causas que nos lo dificultan son varias:

- Nos parece complicado mirar hacia nuestro interior. No se nos ha educado en ello. La sociedad del consumo y del entretenimiento provoca estímulos que nos distraen, y nos olvidamos de nosotros mismos. Es lo que buscan muchas personas, mirar hacia fuera antes que ordenarse por dentro. Muchas caen en un consumismo fácil, que les arrastra además a una carga económica adicional.

"La mayor parte de las personas occidentales son más testigos que ciudadanos que participan y reaccionan", me dijo recientemente Federico Mayor Zaragoza. Si mantuviéramos un diálogo sincero con nosotros mismos, adoptaríamos posturas más radicales, más transformadoras de la realidad. Dejaríamos de ser espectadores para ser actores que inciden en el mundo y lo transforman. Para ello, Gandhi ya nos dijo que "debemos ser el cambio que queremos ver en el mundo". El cambio empieza en cada uno de nosotros y se basa en ser sinceros con lo que queremos.

Hablarnos con honestidad

"El diálogo más difícil es el que debemos mantener con nosotros mismos" (Epicuro)

- Tememos ver nuestras sombras interiores, nuestros miedos y nuestra vulnerabilidad. Huimos de ello viviendo hacia fuera. "No te entregues a tus miedos -dice el alquimista en la obra de Paulo Coelho-; si lo haces, no podrás hablar con tu corazón".

- Dedicamos poco tiempo a la reflexión y al auténtico diálogo. Tenemos conversaciones pendientes con nosotros mismos y con otras personas. Al irlas posponiendo, funcionamos más con el piloto automático, con patrones de comportamiento "habituales". Las conversaciones sinceras nos facilitan ver con claridad lo que tenemos que conservar, mejorar o modificar. Hagamos una lista de conversaciones pendientes y dediquemos un tiempo para tenerlas. Dejemos de posponer y abrámonos al diálogo.

- Nos preocupa excesivamente la opinión de los demás. Nos evaluamos basándonos en la visión que el otro tiene de nosotros. Pero seríamos más felices y tendríamos una mejor autoestima si nuestro sistema de autoevaluación se rigiera por nuestros valores, nuestra ética de la responsabilidad y nuestro diálogo interior. Sin embargo, desde jóvenes aprendimos a depender de la aprobación ajena. Cuando hacíamos algo correcto según su mirada, se nos consideraba buenos. Y confundimos esa mirada de aprobación con amor. Pero cuando hacíamos algo erróneo según su mirada, se nos etiquetaba de "malos" y se nos negaba esa ola de energía apreciativa. Así aprendimos desde la infancia a creer en "ser bueno" o "ser malo" y creció en nosotros el sentimiento de culpa, cuya esencia es el autorreproche moral. Aunque preferimos culparnos que cambiar un patrón. Ser sinceros con nosotros mismos es ir a la raíz de lo que debemos arreglar. La culpa nos avisa de ello. Si nos disponemos a verlo, a dialogar y a aclararlo, vamos bien encaminados.

Estamos constantemente conversando con nosotros mismos. Incluso cuando no somos conscientes de ello, nuestra mente está en una cháchara constante. Cuando los pensamientos que creamos son inconexos entre sí, las palabras provocan ruido mental, que supone una polución de pensamientos inútiles y sin sentido. En esos momentos es bueno pararse, respirar profundo, centrarse y conectar con lo que sentimos. Así recuperaremos la sinceridad de la palabra que surge del corazón.

Ser sinceros con nosotros mismos implica escucharnos. Hay muchas voces internas que nos hablan, como son la voz del miedo, del ego, de la avaricia y los deseos, del pasado, de la autoestima, de los valores, de nuestros anhelos más profundos, además de las voces de las personas que tienen relación con nosotros y que nos dan su opinión. Para tomar decisiones adecuadas es necesario tener un buen discernimiento. ¿A qué decimos sí y a qué decimos no? Necesitamos estar centrados. Eso se consigue meditando.

También nos ayuda a decidir el tener claros nuestros objetivos. Así podremos evaluar cuáles de las oportunidades que se nos presentan nos acercan a lo esencial y cuáles nos alejan. Aunque en nuestra conciencia sabemos que a veces deberíamos decir "no", decimos "sí" por miedo a ofender, a parecer incapaces, por vergüenza, para evitar un enfrentamiento o incluso por culpabilidad de no estar ahí para alguien. Entonces es un "sí" con sumisión, en el que nos dejamos llevar por la inercia. Gandhi escribió: "Debemos negarnos a dejarnos llevar por la corriente. Un ser humano que se ahoga no puede salvar a otros".

Nuestro yo interior

"Somos una conversación" (Hölderlin)

Tanto si decimos "sí" o si decimos "no", cuando la decisión se basa en algún miedo, tendremos que justificarla e internamente nos sentiremos inseguros porque nuestro corazón no está ahí. Una decisión basada en el temor y con el objetivo de mantener una aparente seguridad, paradójicamente, nos mantiene inseguros por dentro. No hemos sido sinceros con lo que sentimos.

Se trata de aprender a decir "sí" o decir "no" con asertividad, con respeto hacia uno mismo y hacia el otro. Decir "no" con asertividad y con energía positiva implica que lo hemos reflexionado, que tenemos buenas razones para decir "no". Nuestro "no" surge de una energía positiva y no del rechazo, ni del rencor. Sentimos empatía hacia la persona o situación. Pero le explicamos que no es el momento y le ofrecemos alternativas.

Escuchar nuestra conciencia

"Nunca podrás escapar de tu corazón. Así es mejor escuchar lo que tiene que decirte" (Paulo Coelho)

Estamos condicionados mentalmente a juzgar. Nuestro juez interior etiqueta a los demás y a nosotros mismos. Entrar en un espacio de conversación sincera con uno mismo requiere manejar a nuestro saboteador y juez interior que no acepta lo que es, que etiqueta precipitadamente y reprime la voz de nuestra intuición, de nuestro corazón. Necesitamos un diálogo que nos permita poner al crítico interior "en su sitio", que deje de reprimirnos y de obstaculizar nuestras ilusiones. Para ello debemos escuchar la voz de nuestro corazón y atrevernos a seguirla. En la reflexión silenciosa conectamos con lo que realmente queremos, y desde ahí iniciamos el diálogo sincero.

Ser sincero con uno mismo es una liberación, ya que uno deja de intentar ser otra persona. Dejamos de estar divididos entre dónde estamos y dónde nos gustaría estar, eliminamos la tensión entre el aquí y el allí. Dejamos de compararnos continuamente con los demás. Nunca podemos ser otro. Cuando queremos aparentar y vivir la vida como la vive otro, dejamos de estar presentes y negamos nuestra excepcionalidad, belleza y valor como individuos. La sinceridad nos conecta con ello estando presentes en nosotros mismos. Esta presencia facilita alinear la voz de nuestra conciencia con lo que decimos y hacemos. Así, nuestras decisiones son coherentes con nuestros valores.

MIRIAM SUBIRANA 02/10/2011

http://www.elpais.com/articulo/portada/Ser/sincero/mismo/elpepusoceps/20111002elpepspor_6/Tes

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Espiritualidad Maya desde una pentecostal

Verónica Pérez
Nicaragüense
Docente de Biblia y Teología


Para empezar debo decir que mi conocimiento acerca de la espiritualidad maya es a partir de la experiencia vivida en el cada día, compartiendo con personas que desearon darme a conocer su historia, riqueza y fe.

 Desde niña quise conocer Guatemala, tendría 10 años, cuando mi deseo era conocer y ver los “indios” (forma en que en el resto de países de Centroamérica se conocen a los indígenas de Guatemala, aunque para nosotros es un término peyorativo) de acá, la curiosidad era porque eran diferentes a nosotros.

Y por razones de mi trabajo empecé a investigar acerca de la espiritualidad maya, y porque no quería invadir a las mujeres con las que trabajábamos.
Fue así como empecé a profundizaren la espiritualidad y a tenerle respeto por lo que es por lo que representa y por lo que será.

Admiro a los que verdaderamente viven y practican la espiritualidad maya desde la profundidad de sus pensamientos, acciones, corazón y vida.

Admiro la terquedad por no decir la fuerza profunda con que resguardan sus saberes y las experiencias de vida que conllevan un poder renovador con el cada día.

El respeto a la creación y a su Creador y Formador es un ejemplo a seguir desde los que no tenemos esa relación con todos los elementos sabiendo que somos uno entre la creación total y el Creador.

El uso de los elementos en las ceremonias y el significado de cada uno es muy importante saberlo para tener las intenciones que están en el corazón y se hacen presentes a través de las ofrendas, por eso digo es un enlace entre lo creado y el Creador.

La riqueza ancestral trasmitida de generación a generación es digno de imitar, porque demuestra que tienen historia, que tiene fe que tienen una vida que es pasado es presente y es futuro.

La herencia recibida de los abuelos y las abuelas, quienes cuentas las historias a los niños  y niñas que se sientan a sus pies para aprender de lo intrínseco que es la vida y la fuerza adquirida a través de las palabras que luego son práctica, vida y bendición.

La tradición oral como fuente fidedigna de inspiración juega un papel importante en la memoria de los pueblos y en la fe y espiritualidad propia de los mayas, ya que  quisieron exterminarlos y no pudieron, quisieron confundirlos y tampoco pudieron, quieren ahora hacerles ver como proyectos turísticos y tampoco lo lograran, porque es vivencia dinámica, viva en actitud de respeto, adoración y realidad que nace de lo profundo del corazón.

La espiritualidad como medio de resistencia en medio del cotidiano y del diario caminar de un pueblo anuncian con vehemencia la presencia de Dios y su pueblo muestra agradecido la buena voluntad a través de las ceremonias, oraciones y recordatorios del pasado para vivir el presente en seguridad y recogimiento de construcción hacia un futuro.

El miedo al Dios no conocido es lo que hace que neguemos la existencia del otro con sus valores, virtudes y creencias. Pero negar no significa que desaparezcan, existen y estarán presentes creamos o no

Una espiritualidad maya esta llena de convicciones profundas de fe y esperanza que pasan por la familia, la comunidad y la creación total para llegar a una vida en plenitud.

Los símbolos como medios de comunicación entre el ser y el SER, son tan importantes como la vida misma, ya que es a través de ellos que hablan con el SER llamado Ajaw y les permite un contacto íntimo lleno de justicia, equilibrio y paz

 La historia nos dice que al tratar de avasallar al indígena tambien trataron de borrar de la memoria histórica toda una creencia que ya existía desde muchísimo antes de la llegada de los españoles, acusándoles de idólatras y otras cosas más, porque no entendían las formas de adoración y de relación de cada pueblo y el Dios al cual adoraban. Eso se paga hasta hoy porque tambien se traslado al pueblo evangélico y fue un divorcio total entre la cultura, pueblo, costumbres y vivencias espirituales de cada pueblo.

Obligar a la fuerza a renunciar a las costumbres y culturas propias de los pueblos. ¿Es evangelio? Bueno me lo he preguntado y me lo preguntare siempre, porque las únicas condiciones a los gentiles según el primer concilio fue no comer carne sacrificada a ídolos, no comer sangre y no fornicar.

Entre el ayer y el hoy nos movemos en una lucha constante por hacer validar la Espiritualidad  maya que desde nuestros antepasados ha sabido responder a las necesidades e inquietudes del corazón de los pueblos que en su búsqueda no han dejado morir el amar la verdad y sus diversas formas de manifestarse en la vida cotidiana de cada uno.

He recibido muchas enseñanzas al respecto y eso me ha hecho respetar, admirar, reconocer y agradecer a quienes me han llevado por este camino que es un camino que se anda sin parar para no dejar morir las ultimas cosas.

Gracias por todo lo aprendido y por todo lo que falta por aprender…
Publicado por Espiritualidad Maya de Guatemala

jueves, 22 de diciembre de 2011

Los Sueños

Mis sueños no son míos,
Los adopté de Otro,
Ahora los comparto,
Y solo por ello, también son míos
 
Son sueños transformadores
De profunda alegría,
De rica esperanzanza,
De vida intensa y gozo
 
Mi sueños no son para mí,
Son para otros, para todos,
Yo solo los comparto
Pero son más que sueños
Son camino y
Son realidad, realizadora

Fabio García
Gracias Fabio por este regalo me anima a seguir soñando

sábado, 17 de diciembre de 2011

El viejito y la maldición de los 70

La otra mañana echaba gasolina cuando de pronto sentí una presencia tras de mí. Cuando me di la vuelta me encontré con un señor quien me miraba atentamente. De momento me asusté, pero lo saludé con un firme ¡buenos días! La respuesta del caballero no se hizo de esperar “que maldición es llegar a los setenta años” y permaneció con su mirada fija en la mía.

Me detuve antes de decir nada y traté de analizar si estaba frente a un paciente de salud mental, pero al instante ante su próxima frase comprobé que no. “Creo que Dios se ha equivocado con algunas cosas, como el hacerse viejo, lo que es una maldición”. Permaneció en silencio como si ansiara escuchar algo en específico. Yo sólo pude contestar “la vida está compuesta por unas etapas y cada una tiene momentos difíciles y otros buenos, pero hay que atravesarlos todos”. Le comenté de mi diabetes y le dejé saber que por momentos para mí se convierte en una maldición.

Al escuchar sobre mi maldición me preguntó mi edad y abrió grandes sus ojos cuando le dije que estaba en los cincuenta y ya le estaba siguiendo los pasos. Le comenté que teníamos que animarnos pues todos teníamos momentos difíciles. Le di la espalda un momento para finalizar la tarea de la gasolina y cuando me volví hacia el hombre, ya había desaparecido. Miré de un lado a otro de la calle pero ya no estaba por aquellos lares.

Cuando seguí mi marcha hacia el trabajo llegó a mi mente la pregunta ¿qué vino a decirme este mensajero en una mañana tan cercana a la navidad? por qué me seleccionó a mí para compartir su maldición? Vinieron a mi mente las tantas maldiciones que cargamos los humanos, algunas que nos heredaron los que nos rodean y otras que hemos cosechado producto de nuestros actos. Pero a fin de cuentas maldiciones.

Pensé en los que viven quejándose de su situación económica, los que viven infelices con su pareja y terminan abandonado el barco y de paso a los hijos. Vinieron a mi mente los que he oído maldiciendo sus pensiones alimenticias. Los que sienten que el trabajo es una maldición que les roba tiempo del famoso “jangueo” que quisiéramos durara toda la semana. Hay los que consideran el tapón matutino su maldición. Para otros, el cuerpo es su maldición al no poder tener las medidas o la nariz de los artistas de las telenovelas. Quienes por cierto tampoco aceptan las suyas.

También recordé los que viven maldiciendo la casa en la que viven, la ropa que tienen pues quisieran otra que no pueden tener. Los que maldicen su sexualidad. Los que maldicen la lluvia luego de lavar sus carros. O maldicen a los que van en la carretera y le hacen cortes de pastelillos. O los que son diferentes y piensan diferente.

En fin, infinidad de maldiciones en una era donde vivimos inconformes con lo que somos sobre todo lo que tiene que ver con el interior. Con esa aceptación propia de donde parte toda realización humana. Vivimos rechazándonos a nosotros mismos y por ende todo lo que nos rodea. La maldición de no ser. Esa que es la peor de todas, pues es un hechizo contra la grandeza que encierra el ser persona y sus potencialidades. El ser humano que ha sido creado de naturaleza divina. De una maravilla tal que hasta el mismo Dios quiso hacerse humano en una navidad para demostrarnos cuanto vale su más hermosa creación.

Terminé mi reflexión con deseos de más conversación con el viejito, pues de momento su maldición se convirtió para mí en una gran bendición…

Lourdes Ortiz
17 nov 2011

domingo, 11 de diciembre de 2011

La espiritualidad de las cosas esenciales

José María Rodríguez Olaizola, S.J.

A veces decimos algo así como “las cosas son más simples de lo que parecen”, o aconsejamos a alguien “no te compliques de más…” ¿Es la realidad simple o es compleja? Hay muchos ámbitos donde nos liamos en disquisiciones, sutilezas y matices, cuando lo mejor sería ser sencillos. ¿O más bien es que no se puede simplificar lo que es sofisticado? Al menos en tres ámbitos se me plantean de vez en cuando esos dilemas: la fe, el amor y la comunicación entre las personas.


No sé si es por ir haciéndome más sabio, mayor o más vago, pero últimamente me inclino por las soluciones simples. Menos teorías y más cotidianeidad. Menos puntualizaciones y más “síes” o “noes”. Menos sutilezas y más sinceridad. Tengo un buen amigo que en teología me decía que, en momentos de agobio, había que aferrarse a la espiritualidad de las cosas esenciales: “Dios es bueno, y nosotros somos limitados”, decía él. A veces me acuerdo de la expresión. Y me ayuda.

Más difícil sería explicar en qué consisten esas pocas verdades. Pero, sin duda, entre ellas habría que afirmar que uno busca el amor en la vida, aunque no esté en nuestra mano forzarlo, ni exigirlo, ni poseerlo; como mucho, ofrecerlo. Que es importante abrir los ojos, el corazón y el tiempo al prójimo, especialmente al que está más herido, aunque no lo vaya a apreciar. Que la fe siempre tendrá un punto de duda. Que Dios, quien quiera que sea, es bueno. Que la mayoría de las veces todos tenemos razón (las nuestras), y esto no es relativismo, sino sentido común. Que es mejor pedir perdón que levantar una muralla de justificaciones. Que el día solo tiene veinticuatro horas. Que hay que reírse todo lo que uno pueda, con risa sanadora, alegre, viva...

¿Se te ocurren a ti más ideas para este catálogo de las cosas esenciales?

sábado, 10 de diciembre de 2011

El grito de la verdad encarcelada

Serás capaz de escaparte? De no dejar que te encarcelen una vez más como por años lo han hecho los hombres cuyo miedo disfrazado de dominio ha pretendido acallarte?

Estoy convencida que vencerás. No sé si en mi tiempo, pero vencerás. Habrá quien muera en el afán de ocultarte, estarán los muertos vivos por la injusticia de tu encierro, pero tú vencerás. Y darás al hombre un nuevo rostro capaz de mirar y dejarse mirar en lo más profundo del ser. Transformarás el baile de disfraces en el que el hombre cree bailar libremente, en uno donde pueda usarte de vestido.

Hoy me gritas desde el calabozo donde dormitas a ratos y a ratos das vueltas buscando la salida. Me encuentras en mi búsqueda de ti cerca del muro donde tu carcelero te ha encerrado, y en un aullido de resistencia aclamas que vencerás. Que no dejarás que la mentira te robe tu sitial. Que las máscaras se pinten en tu rostro. Que escaparás del maldito opresor y te alzarás sobre el costado de quien fue hecho para defenderte y ya lleva demasiado tiempo acallándote, mancillándote, pretendiendo enterrarte sin comprender que tú estás viva y no morirás.

Los pueblos serán reivindicados, la mujer será amada, el planeta será regenerado y el hombre inevitablemente será transformado por la furia de su conciencia que tu espíritu desatará.

Y serás libre, serás verdad…

viernes, 9 de diciembre de 2011

El Policía de mi ruta

Cada mañana me encuentro al policía que guía el tránsito en mi ruta matutina. Cuando todos van o mejor dicho vamos en la loca carrera de la mañana. Tan pronto me voy acercando a la avenida principal se siente el tumulto de carros que tratan de salir hacia sus distintas rutas. Hay varios policías que dirigen el transito en diversas luces, pero el policía que baila. Ah! el policía que baila, ese me tiene conquistada.

Cada mañana este policía alegra la vida de los que por allí transitamos. Los bocinazos se convierten en toques de los viajeros para saludar al guardia quien amablemente saluda y tiene diversos gestos para los que ya nos hemos convertido en su público. Resulta sorprendente como los rostros de las personas se ven sonrientes, sacando sus manos para saludar, cediendo el paso a otros. Una dinámica poco usual sobre todo a esa difícil hora de las siete de la mañana donde pareciese que hay mas carros que habitantes en el país.

Mi relación con este oficial del orden público ha ido evolucionando como la de otros viajeros. Al principio era de observarlo y reírme en silencio, ante sus curiosos pasos de baile sin música en medio del semáforo, o verlo bailando y a la vez tomando café, o ver como la gente se paraba a darle agua u otras cosas. Los camioneros tocando sus bocinas para saludarlo y hasta el que vende el periódico se consiguió un pito y en ocasiones lo he visto ayudando a dirigir transito con una gran sonrisa.

Llegó el día en que mi mirada se cruzó con la de éste personaje y desde ese momento el policía tiene su propio ritual cuando paso cerca de su semáforo. Sin dejar de bailar, planta su gran sonrisa, me hace un gesto de admiración y me dice adiós. Yo le sonrío y le digo adiós como si nos conociéramos de toda la vida. Incluso recibo con agrado sus gestos de piropo, cosa que protestaría de cualquier otro extraño.


Y es que este policía rompe los esquemas y reinventa formas de hacer su trabajo con una alegría que contagia el ambiente. Más que señalar a la gente cuando pasar y cuando detenerse, este policía se hace amigo de los civiles en medio de vía. Regala un comienzo de día en el que inspira a sacar lo mejor del alma, espantando el mal humor y esa furia que invade a algunos tan pronto se suben a sus vehículos. Pienso que si cada mañana más puertorriqueños bailásemos, sonriésemos, y saludásemos a nuestros paisanos como lo hace este guardia quizás habría menos accidentes en las carreteras.

De momento me surge la pregunta de cuál será su receta mantener en alto su ánimo cada mañana en medio del smoke, los carros y el calor del sol. Y me disculpan los que viajan por mi ruta si un día se forma un gran tapón en plena vía y de momento me encuentran bailando en medio de la calle con el policía amigo…

Datos personales

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Puerto Rico
Bienvenido (a) este espacio de compartir aquello que me dice el amor luego de veinte años de convivir con el dolor y las luchas de mujeres y hombres en Puerto Rico y más allá de nuestras fronteras. Quienes con sus vidas me han ofrecido profundas lecciones sobre lo que es la vida y las razones para seguir apostando al amor como única respuesta...